Una carta, imperdible…
Espacio Joven, General, Opinión-Reflexión
Sra. Presidente: Soy, al decir de Mirtha Legrand, una “mujer grande”, pero yo me considero una “mujer vieja”. Imagínese, nací en el 23…
Es por eso que me atrevo a escribirle, para pedirle disculpas. Cuando la escuché decir que por culpa de los jubilados / as, que nunca se conforman, entre las que me cuento, el pais entraba en “default”, me quise morir a pesar de que no sé muy bien que es, pero que entiendo algo muy grave.
Después que escuché corroborándolo al buen mozón de su Ministro de Economía Amado Boudou, a su carismático y nunca bien ponderado Jefe de Gabinete Aníbal Fernández, al imperturbable Canciller Timerman, a diputados y a otros conspicuos defensores de su gobierno, me dije “esto va en serio” y lo menos que hubiera deseado en mi vida es perjudicar al Estado.
Pero junto a mis disculpas, pido a usted sea benevolente con tantos viejos/as, que por eso mismo no comprendemos ciertas cosas y por ahí nos alcanzó “el alemán”(no sé escribir el apellido) ¡para peor !
Le digo Señora, que todo es por soberbia y falta de previsión, ciertamente culpable, pero que le pido considere. Resulta que no nos damos cuenta de que los que tienen que comer bien, vivir bien, curarse bien, vestir bien, viajar bien, son aquellos que votamos para que nos representen bien.
Nos creemos que porque con nuestra honestidad, nuestro trabajo, nuestra educación, nuestras familias hicimos grande a este país, que usted ahora defiende, nos merecemos una vejez digna.
Pensábamos que aquellos muchachos sanos que hacían la “colimba”, tenían derecho a contar a sus nietos, en el anochecer de sus vidas, como muchos usaron por primera vez zapatos, aprendieron a leer y escribir, como se les inflaba el pecho cuando juraban defender con sus vidas ” LA CELESTE Y BLANCA “, pero jamás que con su ambición desmedida destruirían su amada PATRIA…
Creíamos que aquellos hombres que con su sudor empapaban los surcos de aquellos campos vírgenes que hicieron de la Argentina “EL GRANERO DEL MUNDO”, hoy iban a tomar su mate nostálgico en la quietud de un descanso sereno…
Suponíamos que aquellos argentinos que llenaron los claustros universitarios de honores, por su sapiencia, su entrega, su intelecto, que llevaron al país a lugares privilegiados en el concierto internacional, podrían escribir sus memorias sin pensar en el supermercado…
Nos regodeábamos en nuestro pasado ¿por qué?. Lee el resto del artículo…

