Hebe Bonafini y los derechos humanos
Crónica política
Por Rogelio Alaniz

En acción. La conductora de Madres, durante uno de sus habituales enfáticos discursos en el espacios público
Hebe Bonafini y el gobierno nacional son responsables de lo que esta ocurriendo. Schoklender, si se quiere, es apenas un episodio policial. Nunca dejó de serlo. Quienes deben dar respuestas políticas a lo que está sucediendo son los que transformaron a un símbolo político de la resistencia a la dictadura militar en una cueva de ladrones. También deberían decir alguna palabra quienes callaron o miraron para otro lado cuando el barro y el olor a podrido eran evidentes.
En lo personal, debo decir que la noticia me sorprendió como a todos, aunque no demasiado porque sospechaba que esto tarde o temprano iba a ocurrir. No soy adivino, simplemente no me dejé seducir por cantitos de sirena ni amedrentar por chantajes emocionales de quienes todavía no aprendieron que las grandes estafas se perpetran invocando los ideales más puros.
En mi archivo hay varias notas publicadas en este diario acerca del fraude político y moral cometido por Bonafini. Nunca dejé de criticar a la mujer que se atribuía casi de manera excluyente la titularidad de los derechos humanos en la Argentina, mientras que desde hacía más de quince años su principal operador era un parricida. Y, en los últimos tiempos, su contadora pública era una ex ministra que todavía no pudo explicar qué hacía un paquete con miles de dólares en el baño privado de su oficina.
Quienes hemos criticado la conducta de Hebe Bonafini, hemos sido acusados por el coro oficialista y su comparsa de las peores cosas. Pienso en varios nombres, pero el primero que me viene a la memoria es el de Elisa Carrió, acusada de fascista por esta mujer que usa esa palabra como un insulto, ya que si supiera qué es el fascismo corregiría sus comportamientos, muchos de ellos rayanos por su violencia e irracionalidad en la más cruda tipología fascista. Lee el resto del artículo…
Aníbal Fernández no es Arturo Jauretche. Basta con leer el libro que acaba de publicar para apreciar la distancia que existe entre ellos. Precavido, Fernández se ocupa de advertir que él carece de las habilidades y recursos literarios de don Arturo.
Dentro de una semana, las dos grandes coaliciones políticas de Santa Fe decidirán con qué candidatos competirán en julio. Fue una buena campaña electoral y hubo una buena oferta de candidatos. Dejo abierta mis dudas sobre un reglamento electoral que en el mejor de los casos hubiera necesitado más tiempo para aplicarse con eficacia.
Por Rogelio Alaniz